Y ahora… ¿Dónde nos metemos a la estrella que acabamos de contatar para ser la cara de nuestro producto?…

Situaciones como la descripta anteriormente pueden suceder, y son más frecuentes de lo que pensamos…Es así como la empresa auspiciante ve todos sus esfuerzos tirados por la borda por un acontecimiento que directamente no puede controlar. Tanta ilusión, tanto optimismo que había generado la sponsorización de su producto por parte de una figura de elite y todo termina de un modo bastante cruel…

La instancia en la que el deportista “fracasa” en su actividad, representa un “momento de verdad” para la empresa que lo contrató para valorizar la imagen de su producto o servicio. La asociación deportista-empresa es realmente fuerte en estos casos, y un mal día de la estrella puede significar una pérdida de credibilidad sumamente considerable y por ende, un deterioro en la rentabilidad que no era esperado.

Hay varios casos emblemáticos que de alguna forma, ilustran esta situación particular, por ejemplo, la frustrante actuación de José Meolans en Atenas 2004 cuando era favorito a obtener alguna medalla. El pobre desempeño de José fue un golpe de nocaut para Magna…Ni lerdos ni perezosos, la marca retiró todos los carteles de las calles cordobesas al día siguiente de la eliminación del nadador. Evidentemente en ese momento, todos asociaban a las bebidas saborizadas con la derrota. Si tomo esto, pierdo seguro, murmurábamos por aquel entonces…
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