Recién puedo tomarme el tiempo de escribir y contar acerca de mi increíble experiencia viajando a Campinas a principios de octubre para presentar nuestro Proyecto de Investigación referido a la «Influencia del desarrollo de la Longanimidad en el liderazgo de los Millennials».

Como lo publiqué en su momento en mi Instagram, esta gente va a quedar siempre en mi corazón. Gracias a la FACAMP (Daniel de Mattos Höfling), a Qualitas, a Brain, a Globe y a toda la ciudad de Campinas.

Ya tomando un poco de distancia, me alegra enormemente haber aceptado el desafío de visitar la Universidad, de mostrar nuestro Proyecto y de haber dado clases en portugués.

¡Gracias también a la Universidad Siglo 21 por hacer posible este viaje!

Justamente, por esto vale la pena viajar. Salir de la zona de confort te renueva y te hace ser mejor persona y mejor profesional. Te hacer crecer mil pasos en sólo una semana. Te permite inmiscuirte y asomar la nariz en otras realidades y también, sentirte un poco parte de ellas.

Me quedo con todo esto, nuestro trabajo, el intercambio cultural, las terribles ganas de los chicos de escuchar a alguien que venía de la Argentina, etc.

Dar una clase, una palestra o una conferencia en otro idioma, es algo que recomiendo enfáticamente y si bien domino el portugués, desde ya que los nervios estuvieron presentes al tener que enfrentar una situación totalmente novedosa, por algo somos humanos. Igualmente, estos nervios previos a la experiencia se relacionan con la motivación, con las expectativas, con las tremendas ansias de mostrar tu mejor versión para un público inédito y el hecho de poder dejarles algún aprendizaje.

Aportar y compartir, desde tu país, desde tu lugar, desde lo que hacés con toda la pasión del mundo. El sentido de construir algo significativo. Obrigado.